Al igual que un pez no vive sin agua, nosotros no vivimos sin Dios. Dios es el gran Océano donde habitamos, nos movemos respirando la brisa de la respiración Divina con que Él nos obsequia a cada instante. Es en ese mar en el que yo vivo, en el que me sumergí y nunca más de ahí salí. (Hermana Lucía)
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